Los ciberataques representan un peligro para la humanidad

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  • Un ciberataque o ataque informático, es cualquier maniobra ofensiva de explotación deliberada que tiene como objetivo tomar el control, desestabilizar o dañar un sistema informático, ejemplos de ellos: ordenador, red privada, etcétera.

    Nos resulta sorprendente como en los últimos 5 años los delitos informáticos son cada vez más frecuentes, un viernes 12 de mayo del año 2017 pasó a la historia como el día del “WannaCry”. Un ciberataque masivo de tipo ransomware, que bloqueó ordenadores y archivos, luego de ello se comenzó a pedir el rescate de los mismo en una hoy día muy famosa moneda virtual llamada Bitcoins. La pregunta siguiente es:

    ¿Y cómo comenzó todo?

    Con una primera persona que abrió un correo que no debía, y terminó siendo el mayor ciberataque a nivel global, extendiéndose por 179 países durante ese fin de semana. Este malware masivo marcó un antes y un después, es por ello que cada vez las exigencias de seguridad en plataformas, aplicaciones, sistemas digitales tanto públicos como privados son tan estrictas o en su defecto nos piden cambiar nuestra claves o hacer una doble verificación de las mismas.

    Puede que pasen años antes de que un suceso como este cause resultados tan nefastos, pero un ataque cibernético tiene el potencial de desencadenar una guerra mundial como nunca antes habíamos visto o imaginado. Por un momento imagine más allá de los cortes de energía eléctrica e internet; una guerra de este tipo podría provocar fallas en los sistemas de bolsas de valores, escasez de alimentos, desestabilizar sistemas de salud por completo además de exponer toda la información privada que cada individuo ha proporcionado, no solo a las diferentes plataformas de usos cotidianos sino a los sin números de sistemas de primera necesidad como los bancarios, y por si fuera poco, el mal uso de los recursos naturales renovables y no renovables como el envenenamiento del agua .

    En la actualidad han ocurrido un sinfín de ataques cibernéticos entre superpotencias durante las últimas dos décadas, el mundo ha seguido girando sobre su eje y la vida de la mayoría de la gente ha continuado en gran medida sin obstáculos. Pero eso podría cambiar en cualquier momento.

    Sin embargo en el caso de la guerra cibernética, las naciones parecen no estar dispuestas a admitir su capacidad o el despliegue de tales armas. Como escribió el New York Times en 2012, el entonces presidente Barack Obama se mostró reticente a publicitar el papel de Estados Unidos en los ataques de Irán por temor a que hacerlo permitiría a otras naciones, terroristas o incluso hackers justificar una acción similar.

    Es probable que Pekín adopte el mismo punto de vista al negar rápida y repetidamente tales ofensivas, incluso cuando sus huellas dactilares parecen estar en todos los ataques. Recordemos que estos delitos contienen ciertas características como metadatos de malware, registros de DNS, configuraciones de herramientas, entre otras características que son en donde los expertos de seguridad digitales pueden detectar de donde provienen dichos ataques.

    En un discurso ofrecido en 27 de julio del 2021 Joe Biden, presidente de Estados Unidos, advirtió a Rusia y a su mandatario Vladimir Putin que los ciberataques pueden acabar, en algún momento, “desencadenando un conflicto armado real”.

    Existe un paralelo perverso entre el armamento cibernético y el armamento nuclear. Después de que Estados Unidos lanzó dos bombas atómicas sobre Japón en 1945 y puso fin a la guerra en el Pacífico, aumentaron los temores de que a estos les pudieran seguir ataques más destructivos a medida que naciones como la Unión Soviética, el Reino Unido, Francia y China desarrollaran sus propias capacidades. Sin embargo, sucedió lo contrario, lo que dio lugar al concepto de Destrucción Mutua Asegurada como una razón por la que se observó la moderación.

    En 2015, Obama y el líder chino Xi Jinping se pararon en los escalones de la Casa Blanca para anunciar una tregua sobre el ciberespionaje económico, una distensión de alcance aparentemente limitado. Sin embargo, ese cese duró menos de cuatro años en medio de acusaciones de que China renovó sus ataques. Es poco probable que EE.UU. y sus aliados tampoco se hayan abstenido de hacerlo.

    Todo lo que se necesita es que uno de esos trucos haya ido demasiado lejos y desencadene una respuesta descomunal, que resulte en un conjunto de reacciones en cadena con múltiples y continuas represalias cibernéticas que paralicen las redes eléctricas, la transmisión de datos, la agricultura, el flujo de información, los sistemas de transporte aéreo o metros y cadenas de suministro de alimentos. Si bien puede no tratarse de una nube en forma de hongo como en una bomba atómica o la fuerza explosiva de los misiles, la devastación podría ser tan generalizada y conducir a una confrontación militar.

    Es por eso que la mejor esperanza para los civiles pueda ser que el equivalente cibernético de las armas nucleares sea desarrollado, obtenido, y reconocido públicamente, por todas las grandes potencias. Se percibiría que tienen el potencial de abrumar y causar tanta agitación y destrucción que su uso sería imposible. Sin embargo, su mera existencia puede dar lugar una vez más a la noción y al miedo.

    Los gobiernos se han vuelto más astutos al momento de explotar la conectividad de la era digital para promover sus intereses y debilitar a sus enemigos, lo mismo sucede con los hackers independientes que a menudo venden sus servicios a los Estados, lo cual difumina la línea entre un ciberconflicto internacional y un crimen cotidiano.

    El hackeo se ha convertido en una herramienta de uso generalizado para la manipulación política, la opresión y la ganancia económica pura. Es una estrategia barata, poderosa, fácil de subcontratar y difícil de rastrear. Cualquiera con una computadora o un teléfono inteligente es vulnerable.

    Autor: Astrea González.